|
Si hubieras engañado a vuestr@ novi@, ¿se lo dirías? No es recomendable, esa es la respuesta. La verdad lleva al dolor y ¿no preferirías ahorrarle el sufrimiento a una persona querida, antes que romper la relación por un descuido, quizás? Se haría un mal innecesario por la voluntad de decir la verdad, aunque el precio de ello no sea beneficioso para el receptor. La verdad es capaz de provocar grandes y graves efectos una vez expuesta, por lo que la mejor solución en este caso sería evitar la situación en la que nos viésemos obligados a mentir, o simplemente callarse. No decir una verdad no implica obligatoriamente estar mintiendo. Claro que también hemos de plantearnos que existen dos tipos de mentiras, la mentira piadosa, a la que se acude cuando queremos evitar un sufrimiento y un dolor innecesarios, una mentira creada con una intención noble y solidaria, o, por el otro lado, una mentira perjudicial, maliciosa, la cual a través de engaños y sucias tretas pretende provocar un mal en la otra persona. Entonces, la primera de ellas puede estar justificada cuando la otra nos muestra el lado oscuro de cada individuo, aunque, dado que a veces la verdad puede ser más perjudicial que la mentira, hemos de valernos de esta última como un mal necesario. Los cristianos defienden la verdad en toda su plenitud. Ocultarla, tergiversarla, moldearla se convierte en pecado a sus ojos, pero imaginemos un mundo en el que se prescinda totalmente de la mentira, un mundo en el que salgan a la luz nuestras intenciones, todas ellas. Puesto que ningún humano posee un corazón totalmente limpio y fuera del pecado, viviríamos en un mundo de crueldad plena e integral. Reflexionando, llegamos al punto en el que nos cuestionamos, ¿qué es, entonces, la verdad? Es verdadero lo que ha tenido lugar, lo que ha sucedido, y decir la verdad sería describir los hechos fielmente, sin ningún tipo de límite. Aquí me encuentro con otro punto que puede ser sometido a polémica. Utilizo un ejemplo para explicar mejor a lo que me estoy refiriendo: Tengo un encuentro con una buena amiga mía, nos paramos a hablar durante largo rato y en la conversación llegamos a un punto en el que me invita a pasar la tarde siguiente en su casa, sabiendo a ciencia cierta que no iba a haber nadie más allí, y yo acepto. Si más tarde mi pareja me pregunta que qué he hecho esa tarde y le cuento que he ido a comprar ropa, a ver a un colega y me he encontrado por casualidad con mi querida amiga, pero omito que me había invitado a pasar con ella la próxima tarde, a solas, ¿estaría traicionando mi lealtad hacia ella, mintiéndole? Imaginemos que mi amiga se ofendería si rechazo su propuesta, y que sus intenciones no eran otras que las propias de una amiga que quiere pasar un tiempo agradable con una persona a la que aprecia. Imaginemos, también, que mi pareja podría malinterpretar sus intenciones, creando unos celos punzantes que sembrarían la semilla de la desconfianza y el odio, el cual enfocaría hacia mi amiga e indirectamente también me afectarían a mí, ¿no es mejor ocultar ese trozo de información para asegurar un estado de bienestar general entre las dos relaciones, la de la amistad y la sentimental? Aquellos que sostengan que la verdad nunca ha de ser oculta al público ya que nadie merece privarse de ella, les propongo un experimento: decir la verdad a todo con el que se cruce. Amigos, familiares, vecinos, viandantes, todos ellos recibirían de ti lo que piensas, lo que sientes en ese momento. Es bastante posible, por no decir completamente seguro, que acabaríais en conflicto con todos ellos. Les diríais a los que desparecíais que lo hacéis, a los egocéntricos que lo son, a quien queréis que no podéis pasar un segundo más sin ellos. Y bien, ¿cuál sería el resultado? Estaríais contentos en el aspecto de decir la verdad, eso es todo. Esas personas a las que has “elogiado” con tu verdad tendrían una opinión despectiva y desfavorecedora hacia tu persona. Te catalogarían como un sin vergüenza, falto de educación y malhablado. Esto nos hace darnos cuenta que la vida cotidiana está rodeada por mentiras omitidas, ocultas. Por último queda por aclarar que, como algunos filósofos sostienen, no todo el mundo es merecedor de la verdad, forzosamente no les debemos la verdad a todos. Es entonces, cuando la definición de la mentira varía ligeramente, pero cambiando su significado en un grado importante. La mentira es el hecho de no dar la verdad, obviamente, pero solamente a quien se la debe. Es fácil entenderlo. Las cosas se complican cuando sabemos que basta que hayamos mentido a alguien una sola vez para que esta persona pueda desacreditarnos sobre cualquier aspecto en el futuro, aunque hayamos mentido con la mejor intención del mundo. Entonces, ¿nuestra pareja, en caso de enterarse de la infidelidad, comprenderá que lo hicimos por su bien o abriremos la puerta a la desconfianza absoluta, provocando una ruptura segura y permanente aunque juremos de mil maneras distintas que tal suceso no será repetido? Es sabio barajar la idea de que nuestra pareja puede enterarse por terceras personas, ¿entonces el daño no sería mayor al saber que no confiaste en ella? Tú sabes que lo hiciste con una intención noble, pero no parece de ese modo en ojos de la otra persona. Decírselo o no decírselo, eso es algo que depende del juicio de cada uno, pero antes reflexionen sobre todos estos factores. Artículo basado en la lectura del libro de M. Onfray "Antimanual de filosofía"
|